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Manipulación y egolatría

15 abril 2009

De todos es sabido que hay muchas formas de mentir y una de ellas es no decir toda la verdad, callarse o abstenerse de decir la verdad completa y al obrar de esta manera se incurre en una falta igual de grave y además sibilina: la manipulación. Para ilustrar tales artimañas enemigas de la verdad, lean y juzguen ustedes el siguiente párrafo entrecomillado, expresado por una de tantas “mentes sabias” que pululan, no excentas de egolatría, por esa nube etérea y maleducada denominada “foro oficial”:

“Vamos a ver, señores, creo que debemos tener mesura. Pero hay algo que me llama mucho la atención de los incondicionales de Manolo Jiménez. Se jactan de sacar sus números cada momento (que en liga son excelentes, pero en lo demás, para mi desastroso), siempre le alaban lo mismo, pero cuando se pierde, ya estamos como siempre, la culpa de los jugadores.

Joder, ni tanto ni tampoco, tendrá su parte de culpa en las victorias como en las derrotas. Unanimidad: Que totón de juego el que llevamos doa años tragándonos.

Fijaros en un dato. El equipo vecino de esta ciudad, que esta peleando por no descender, lleva mas goles a favor, que el tercero, con el mejor delantero de la historia y el centro delanterp titular de Brasil. Nadie ha dicho ni pio de esto. Lastima que algunos que tenían el dato en la bombonera del lunes se lo callaran (total, hay que mantener el puesto). Un saludo a todos.”.

Y es que hay, como digo, mentes sabias, cerebros PESADOS, que se hayan en un plano metafísico, superior, cuasi divino y sucede que hacen este tipo de afirmaciones que habéis podido leer. Pero lo peor es que se quedan tan tranquilos e incluso creyéndose en posesión de la verdad más absoluta.

En el difícil camino que transitamos en el afán de crecer como personas, es necesario desprenderse de ciertos bagajes que entorpecen nuestra marcha.

Me refiero especialmente a dos íntimas creencias que se empeñan obsesivamente en acompañarnos, aunque lo negaríamos disgustados si alguien nos acusara de ello. Son ellas la egolatría y la búsqueda de relaciones ejemplares que linden con lo ideal.

La egolatría: es la visión distorsionada de la realidad que nos lleva a creer que los demás están obligados a queremos, y a demostramos generosamente su cariño; es pensar que el mundo no podría arreglárselas sin nosotros; que todo cuanto suceda a nuestro alrededor requiere de nuestro protagonismo, que los hechos no son importantes en sí mismo si nosotros no participamos en ellos, con nuestras opiniones, juicios y respuestas emocionales.

Es el uso y el abuso del “yo” y del “a mí”; es la exagerada creencia en nuestras virtudes; es pensar que las desventuras están hechas para los demás, que nosotros no las merecemos, y que si alguna, injustamente nos alcanza, todos deberán centrar su atención, su ayuda y su consuelo en nuestro drama; desde la egolatría somos capaces de robarle el protagonismo a un ser inmensamente querido que ha muerto, para sufrirlo sí, pero desde la mezquina versión de: “lo que a mí me pasó”. La egolatría, es egoísmo y es inseguridad no admitida, es desconocer la existencia, los afanes y las vicisitudes del otro, es no saber escuchar, o es aceptar a ese otro en tanto nos proporcione satisfacciones y halagos permanentes.

Desprenderse de esta manera de ser no es imposible ni tampoco es fácil, para qué negarlo; requiere de un laborioso y constante esfuerzo personal por encontramos, por conocemos y disculparnos, por ejercer la humildad, por vencer la obstinación y salir de nuestro sí mismo (trascender) con la intención de llegar al otro -que no es un muro sino un puente necesario en el proceso de crecer- con nuestra comprensión y nuestro amor. Reconozcamos que somos mucho menos importantes de lo que creemos ser, y que es desde esa relativa, pequeña pero auténtica importancia, el lugar desde donde sí, los demás podrán queremos y valorarnos.

En cuanto a la búsqueda de relaciones ejemplares que linden con lo ideal: podemos decir que la resolución de este obstáculo está íntimamente relacionado con el tema de la egolatría. La creencia en nuestra perfección nos lleva a pensar que somos capaces de establecer relaciones ideales y que nuestros pensamientos y valoraciones son valiosísimos y tontos los que no aprendan de ellos; no solo pensamos que somos capaces, sino también pensamos que somos dignos de ello.

Por lo que, para que alguien pueda merecemos, en nuestra creencia, los acercamientos, los cambios, las concesiones, los halagos y hasta el sometimiento a nuestras demandas deben realizarlas los demás.

Ésta errónea creencia nos impide reconocemos falibles, y nos lleva a sentir que es innecesario disculpamos de nada, sólo podemos ofrecer explicaciones racionales a nuestras permanentes exigencias.

Poder desprendemos de la obstinada búsqueda de la pareja ideal, del amigo ideal, de la familia ideal, es el camino para encontramos finalmente, con la pareja real, el amigo real y la familia real. Ellos están ahí, para aceptar nuestras imperfecciones, asumir las propias y ofrecemos todo su amor.

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