El Charlatán

“Los charlatanes son los hombres más discretos: hablan y hablan y no dicen nada.”
(Alfred d’ Houdetot)

“Los médicos dejan morir, los charlatanes matan.”
(Jean de la Bruyére)

El señor Charlatán

Estoy aburrido de los charlatanes y de su cháchara. Mi alma los odia.

Cuando a la mañana me levanto y examino las cartas y revistas que hay al lado de mi cama, las encuentro llenos de cháchara (palabreo), y todo lo que veo es charla perdida, vacía de significado, pero henchida de hipocresía.

Cuando me siento a la ventana para desprender el velo de sueño que me cubre los ojos y tomar un café turco, delante de mí se aparece el señor Charlatán saltando, gritando y rezongando y condesciende a beber mi café y a fumar mis cigarrillos.

Cuando voy a trabajar, el señor Charlatán me sigue, cuchicheándome al oído y repiqueteando en mi delicado cerebro. Cuando intento desembarazarme  de él, pronto vuelve a inundarlo todo con la corriente de su charla sin sentido.

Cuando voy al mercado, el señor Charlatán se detiene a la puerta de cada comercio y dictamina sobre la gente. Lo veo hasta en las caras de los que están callados, porque a ellos también los acompaña. Y, aunque los perturba, ellos no son conscientes de su presencia.

Si me siento con un amigo, el señor Charlatán se incorpora al grupo, aunque no haya sido invitado. Si lo eludo, se las arregla para quedarse cerca, de modo que el eco de su voz me irrita y revuelve el estómago como  el hedor de la carne podrida.

Cuando visito los tribunales y las instituciones de enseñanza los encuentro en compañía de su padre y de su madre, adornando la falsedad con ropajes de seda y la hipocresía con un magnífico manto y un hermoso turbante.

Cuando voy a una fábrica, para mi gran sorpresa, allí también encuentro al señor Charltán , a su madre, al tío y al abuelo, charlando y moviendo sus gruesos labios. Sus parientes lo aplauden y se ríen de mí.

Si visito templos y otros lugares de culto lo encuentro sentado en un trono, con la cabeza coronada y un cetro refulgente en su mano.

Y cuando vuelvo a mi hogar, al caer la tarde, también lo encuentro en él: se desliza del cielorraso como una culebra o repta como una boa por todos los rincones de la casa.

En resumen, el señor Charlatán está en todas partes, en el cielo y más alla de él y más allá de él, en la tierra  o debajo de ella, en las alas del éter o sobre las olas del mar, en bosques y cavernas, en la cima de las montañas.

¿Dónde puede hallar descanso quien ama el silencio?

¿Acaso Dios premiará alguna vez mi alma y me otorgará la gracia de la sordera para que pueda vivir en el paraíso del silencio?

¿Hay en este universo un rincón al que pueda ir y vivir felizmente por mí mismo? ¿Hay algún lugar donde no exista el tráfico de la conversación vacía? ¿Hay alguien en el mundo que no se autoadore cuando habla?  ¿Hay alguna persona cuya boca no sea refugio en que se oculta el travieso señor Charlatán?

Me conformaría con que existiera una sola clase de charlatanes, pero son innumerables y puede dividirse en clanes y tribus.

Están los que viven todo el día en pantanos, y cuando llega la noche se van a la orilla, sacan la cabeza fuera del agua y del cieno y llenan el silencio de la noche con su horrible croar que rompe los tímpanos.

Está el clan de los que se emborrachan con aguardiente y cerveza, se instalan en las esquinas de la calle y llenan el aire de bramidos más poderosos que los de un búfalo revolcándose.

Hay también una extraña tribu cuya gente pasa el tiempo en las tumbas de la vida, convirtiendo el silencio en una especie de gemido más  lúgubre que el chillido de la lechuza.

Existe además el grupo  de los charlatanes que imaginan que la vida es un trozo de madera, y con él tratan de labrar algo para ellos, y mientras lo hacen, producen un chillido más feo  que el estrépito de una sierra.

Hay también una partida de criaturas que se golpean entre sí con mazos, para producir tonos  huecos muy horribles que ciento cinco  tantanes de los salvajes de la jungla.

Por debajo de estas criaturas hay una secta cuyos miembros no tienen otra cosa que hacer que estar sentados (cuando hay un asiento disponible) y masticar palabras en lugar de pronunciarlas.

Una vez encontramos una facción de charlatanes que tejían aire con aire y no tenían vestidos.

A menudo encontramos  un tipo de charlatanes cuyos representantes  son como estorninos, pero se creen águilas cuando se remontan en las corrientes de sus palabras.

Y hay también charlatanes que son como las campanas, que repican llamando al pueblo al culto, pero que nunca entran a la iglesia.

Hay todavía más tribus y clanes de charlatanes, pero sería demasiado largo enumerarlos. Según creo, las más extraña es una secta de dormilones  cuyos miembros perturban el universo con sus ronquidos y, de tanto en tanto, se despiertan diciendo: “Que eruditos que somos!”.

Después de expresar mi horror por el señor Charlatán y sus camaradas, me siento como el médico que no puede curarse o como el presidiario que predica virtud a sus compañeros de celda. Satiricé al señor Charlatán y a sus amigos charlatanes con mi propia charla. Yo escapo de los charlatanes y quisiera no convertirme en uno de ellos.

¿Alguna vez perdonará Dios mis pecados antes de bendecirme y situarme en el mundo  de las Ideas, la Verdad, y el Afecto (el amor), donde los charlatanes no existen?.

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4 comentarios to “El Charlatán”

  1. Tom Says:

    Charlatanes hay en el foro ofisiá, los hay en la bombonera y los hay en el periodismo papafritil de ésta y otras ciudades.

    Magnifico, flautista.

  2. RABIOSO Says:

    Magnífico post, Flautista.

    Los charlatanes los hay en todos sitios, como bien apunta el amigo Tom. Luchemos por no convertirnos en uno de ellos, como dice el flautista.

  3. DON GATO Says:

    Un café turco , que eh cohone?
    Un saludo para todos los flautistas.

  4. Peyrano Says:

    ESPERPENTO

    Cuando J. M. Del Nido, en aquella famosa comida de Madeira, dio el primer paso para dar de lado a los vulgares localismos, y centrarnos en nuestros rivales reales – y que fueron por otra parte los de toda la vida del Sevilla FC -, colocó, sin duda, una piedra angular en el proyecto de este nuevo y poderoso Sevilla FC.

    Porque, nuestros rivales de siempre, han sido el Valencia CF y Atlco. de Madrid; en la actualidad, también, Villarreal CF y Dpvo. de La Coruña; en otros tiempos Ath. Club de Bilbao y R. Sociedad, y esporádicamente, a lo largo de la historia de la Liga, FC Barcelona y Real Madrid CF

    Ese paso, ahora, ya no tiene carácter retroactivo.

    Pero José María, no hizo más que quitarle a – gran parte de – la Afición del Sevilla FC, el velo que cubría sus ojos, y que, ni siquiera, se lo había puesto ella misma. Se lo habían anudado los únicos que realmente estaban, y están interesados en esos localismos.

    Porque, no nos engañemos, el equipo de la Ctra. de Cádiz, no es un rival directo del Sevilla FC, ni lo ha sido nunca, independientemente de la categoría en la que militara, y los pocos éxitos que pudieran conseguir a lo largo de su historia.

    Igual que no lo son el Triaca CF, el Calavera, ó el San Román CF, por el mero hecho de pertenecer a la misma ciudad, ni tampoco lo son el Málaga CF, el Córdoba CF ó el Cádiz CF, por serlo de Andalucía.

    Todo esto viene a cuento, porque aunque me considero un escrupuloso y entusiasmado seguidor del “Nosotros a lo nuestro, y los demás a copiarnos”, no paro de escuchar, en un cúmulo de despropósitos, una cantidad ingente de sandeces y necedades, tanto por parte de los medios de comunicación locales, como de las hordas representativas del equipo de la Ctra. de Cádiz, involucrando al Sevilla FC en comparativas continuas, y en un fregado que ni queremos, ni hemos buscado, y ya se sabe que cuando le tocan a uno la familia, con la Iglesia hemos topado…

    Cuando se vive, durante cuatro décadas, puerta con puerta con un vecino, aunque no hables con él, ni entres en su casa, lo llegas a conocer como si así fuera. Por la misma razón, todo lo que viene ocurriendo desde la “pantomima” del lunes 15 de julio, no deja de ser más de lo mismo de lo que viene ocurriendo desde que tengo uso de razón.

    Todo lo que rodea – incluidos, políticos con ansia de notoriedad, y quizás de algo más, ¿artistas?, y demás personajes pululantes – a la jaula de grillos de la Ctra. de Cádiz, sólo puede ser catalogado como ESPERPÉNTICO.

    Aunque tengo mis dudas si está más cerca del género literario creado por Valle-Inclán ó del Teatro de lo Absurdo de Ionesco.

    Y se puede catalogar como ESPERPENTO, porque se deforma la realidad, recargando los rasgos grotescos, pilares básicos de la Literatura del Esperpento de D. Ramón del Valle-Inclán.

    La definición les viene al pelo, no me digan que no.

    Pero, lo peor de todo, no es que deformen la realidad, lo peor, es que, además, se la creen.

    Si se gana una Copa de España, es el éxito más grande del fútbol español, y nadie había ganado antes ninguna.

    Si se disputa la Copa de Europa, nadie se había clasificado antes para jugarla.

    Si se hace una manifestación, en la que se aprecia por las imágenes, que no hay más de 15.000, se dice que fueron 60.000, y que antes nadie había organizado nada igual. El año 1995 no existió. Y si existió, y participaron X, en ésta ha habido X + 20.000. Es una ecuación básica.

    Si aparece un pusilánime en Nueva York, con el mantel a rayas verdes de su casa, comprado en el chino de la esquina, mientras la gente que pasa por su lado, lo miran con incredulidad, se proclama la universalidad de su afición.

    Si se ejecuta una auténtica aberración arquitectónica, se vende como el estadio más moderno del Universo.

    Y así podría seguir, rellenando folios y folios.

    Dado que la realidad, sí, esa que te manda a Segunda División, y que te pone en tu sitio, les supera, no dudan en deformarla, creando una realidad virtual, su propia realidad, que, evidentemente no engaña a nadie, excepto a ellos mismos.

    J.M. Del Nido, definió con exactitud este ESPERPENTO permanente, y lo definió como un ESTILO.

    Es un modo, una manera, una forma de comportamiento que nos choca enormemente a los Sevillistas, y que hace que no terminemos nunca de agradecer a nuestros mayores que nos llevaran por el camino correcto.

    Aunque, y después de tantos años observando, sin duda creo que la GENÉTICA tiene mucho que decir en el ESTILO de cada uno…

    http://sevillistasdediamante.blogspot.com/

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