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Buscando la verdad en un mundo tatuado

16 noviembre 2009

No es ningún secreto que en los últimos decenios se ha producido una explosión de tatuajes en nuestra cultura. En tiempos pasados, los tatuajes eran reservados a un número muy pequeño de personas. La palabra tatuaje representa un término samoano que significa “herida abierta”. Los antiguos orígenes de esta práctica podrían remontarse aun antes del siglo VII a.c. y están relacionados con la religión, ceremonias y ritos tradicionales.  A través de los siglos, el tatuaje ha sido la forma más común de marcar a los presos. Los británicos tatuaban a los desertores y a fin de asesinarlos, Hitler marcaba a los judíos en los campos de concentración durante el Holocausto. Siempre acompañados con connotaciones negativas, los tatuajes se observaron principalmente en marineros, homosexuales, los ciclistas Hell’s Angel, las pandillas, y variedad de delincuentes. Pero ahora, que ha cambiado todo, el estigma se ha desvanecido y lo que claramente una vez fue desdeñado por muchas culturas se ha convertido en moda, hasta tal punto que el tatuaje hoy día se ha adoptado no sólo para cubrir el cuerpo sino también para cubrir el alma y hasta la propia identidad.

Así, el tatuaje se ha convertido en una locura, por decir lo menos y la demografía de los que actualmente ansían tatuajes parecen no tener límites. Es sin duda, la marca de moda, ser “cool” y es aceptada en muchos círculos hoy. En definitiva, los tatuajes se han convertido en los símbolos e incluso en los identificadores de muchos grupos e individuos.

Algunos de estos individuos, nunca mejor dicho lo de individuo, han utilizado el tatuaje no para cubrirse físicamente el cuerpo sino para cubrirse y así esconder el alma, para camuflarse, pero ya no con un noble objetivo sino para intentar derribar a sus envidiados adversarios que, no olvidemos, han construido la misma casa en la que ahora habitan aves de rapiña como él. Es el caso de un personaje singular, tan singular como patético, tan anónimo como el que no tiene nombre (ni se lo merece) y tan carroñero y necrófago como un buitre.

Pero dentro de las aves de rapiña, están quienes actúan además con nocturnidad como es el caso del búho, ave de rapiña nocturna y sin ningún escrúpulo que va vertiendo opiniones y datos sin fundamentos ni pruebas sobre sevillistas de granito y sobre nuestra entidad.

El Flautista estará atento para desenmascarar a esta otra rata de ya veremos qué submundo. BORRACHO GIF

Entretanto, no le echéis demasiada cuenta. Es muy probable que a este personaje le guste el levantamiento de vidrio en barra fija. Muy probable.

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¡ No me tiembles, pajarraco !




Jesús Navas en la Selección española.

16 noviembre 2009