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24 marzo 2010
BREVE  ENSAYO  SOBRE  LA  HIPOCRESÍA
No hay moralista, filósofo o predicador que no haya dedi­cado alguna vez a la hipocresía alguna de sus más acres invecti­vas.
Ya el griego Esquilo dice: “A mi entender, el más vergon­zoso de todos los vicios es el poner afeites a los propios pensamientos”. El empirista Bacon: “Es la sabiduría del co­codrilo, que llora cuando de­vora a sus víc­timas”. Vic­tor Hugo no es menos lapi­da­rio: “El hipó­crita es un titán enano; un es­pan­toso hermafro­dita del mal”. Y así sucesiva­mente se mani­fiestan más o me­nos todos los gi­gantes conocedores del alma racional.
Pero no todos los grandes pensadores caen en la tenta­ción de conde­nar a la hipo­cresía sin ate­nuan­tes y sin ver en ella fuente de ven­tajas para la sociedad.
Aunque acuñada su noción por el pensa­miento griego, en su origen no es sino tea­tralidad, capaci­dad para representar en el teatro bajo dis­fraz o máscara. Luego, más tarde, disi­mulo y fingimiento por anto­noma­sia; y por fin, asumida y adaptada para su doctrina y su moral por el pensamiento cris­tiano y por ende occidental, hipocresía es, en esen­cia, afectar virtud y, por exten­sión, toda verbaliza­ción o acti­tud que de manera más o menos hábil encubre o desdibuja la verdad. Se opone a since­ri­dad, veracidad o franqueza.
Quizá por eso, porque originariamente el solapa­miento de la verdad se te­nía más como habilidad de la inteligen­cia que como un recurso repren­si­ble, ni una sola palabra sobre el usual modo de enten­der la hipocre­sía se en­cuentra sin em­bargo en los tratados acerca del vicio, de la vir­tud y del tér­mino medio en la gran obra de Aristóte­les sobre moral: Etica a Nicómaco, Etica a Eudemo y Magna Moralia. Porque cuando Aristóte­les habla de simu­lación y si­mulador, se li­mita a decir que éste es el que comete el exceso de atri­buirse más bienes de los que posee, y tam­bién el que no es veraz. Sólo matiza al refe­rirse a la virtud de la ve­racidad, que si el veraz se separa de la estricta verdad, será más bien para de­bilitar las cosas… La literatura universal le asigna un protagonismo casi permanente, pero con el mismo equívoco sentido que va adquiriendo con el paso del tiempo el otro asunto principal: la fidelidad amorosa…